Liderazgo como fenómeno humano

 

Existen numerosos libros sobre liderazgo que nos cuentan grandes hipótesis. Hemos hablado sobre las capacidades y actitudes que un líder debe tener. Nos hemos hecho mil veces la pregunta: el líder ¿nace o se hace? Hemos buscado ejemplos en la historia que nos muestren un camino a seguir.

 

Todos estos interrogantes son extremadamente útiles a la hora de distinguir a un verdadero líder. A menudo confundimos a aquél que en un determinado momento las circunstancias lo llevan a ejercer el rol de manejar a otros y tomar decisiones, con aquél que tiene el carácter y la fortaleza espiritual de alguien que sabe quién es y se compromete a servir al bien común. Es de total relevancia discernir entre estas dos características.

 

El líder construye puentes. Sabe a donde quiere ir y atrae todo lo necesario para que su sueño se convierta en realidad.

 

Aquí de poco sirven las teorías. Las teorías requieren de desarrollo intelectual y de aprender recetas dadas por otros. Por supuesto esto es importante para tener el concepto y saber los motivos por los cuales los líderes pueden ser recordados y admirados. También para intentar constituirnos en uno. Pero creo que el verdadero liderazgo va más allá, se trata de buscar dentro nuestro esa actitud, esa motivación para animarnos a lo que parece imposible, animarnos a volar. Y eso trasciende los mejores textos.

 

Veamos brevemente las cualidades de un líder genuino:
 

  Vive de manera coherente con la conciencia de sus valores humanos como

      modo de vida y lucha por sus ideales hasta el final.
 
  Tiene una visión integral de los sucesos y ve más allá de la superficie.
 
  Es flexible, abierto y valiente.
 
  Ve cada dificultad como una oportunidad de crecimiento.
 
  Está entusiasmado, y con su ejemplo inspira a quienes lo rodean.
 
  Está al servicio del grupo y sabe motivarlo.
 
  Busca la prosperidad para todos y los impulsa a seguir el camino de la verdad y la justicia.
 
  Facilita que sus colaboradores se transformen en líderes de sus propias vidas.
 
  Es consciente de la Unidad subyacente y de la interrelación entre todo lo que existe.

 

Estos postulados nos ayudan a ir tomando conciencia a qué nos estamos refiriendo cuando hablamos de liderazgo. Vemos que es una actitud hacia la vida que trasciende las circunstancias coyunturales. Se va cultivando a través del autoconocimiento y a través de las elecciones que hacemos a cada momento, teniendo presente qué sirve y qué no a nuestros objetivos como seres humanos.

 

Entonces, ante la pregunta: el líder ¿nace o se hace? La respuesta es: el líder nace y se hace a lo largo de toda la vida, si es que está despierto a los desafíos que la vida plantea.

 

La vida es lo que es, no lo que nuestra mente quisiera que fuese.

 

La mente es una poderosa herramienta que puede ayudar a que el alma se explaye y la luz brille. Pero la mente en si misma es un arma de doble filo si no sabemos entrenarla. Con la mente podemos causar mucho daño a otros y a nosotros mismos; así también es capaz de crear maravillas. De allí la importancia de aprender a discernir. Esto se da escuchando al corazón.

 

Actualmente, la cantidad de distracciones que hay, los falsos modelos que los medios nos muestran, los problemas sociales, la des-educación en las escuelas, la desintegración de las familias, etc., hacen que el mantener una mente ecuánime y despierta se convierta en un desafío mayúsculo.

 

Las situaciones externas nos influencian y muchas veces nos llenan de miedo. El temor paraliza y nos dificulta avanzar. Somos libres de experimentarlo, aunque no suele servirnos si nuestro propósito es elevado y altruista.

 

Es por esto que es importante el autoconocimiento y el desarrollo de una visión. La visión más grande que nos permitamos soñar. Haciendo de cuenta que el “afuera” no existe.

 

De allí que creo que al líder hay que encontrarlo adentro. Profundo en nuestra esencia todos somos líderes. Algunos lo reconocemos, otros no, algunos elegimos ejercerlo, otros no… 

 

¿Para qué estamos aquí?

 

Venimos a este mundo tridimensional para experimentar. Experimentarnos como la maravilla que somos. Somos seres multidimensionales conviviendo en la Tierra como cuerpos físicos aparentemente separados unos de los otros. Sin embargo, todo tipo de investigaciones nos demuestran que estamos intrínsecamente interconectados, interrelacionados y somos sólo Uno.

 

Atraemos las vivencias necesarias para que el alma tenga la oportunidad de recordar su esencia, y así volvernos creadores concientes de la realidad.

 

De allí que todo lo que hagamos influye en el contexto global. Esto nos compromete y responsabiliza, sabiendo que formamos parte de un cuerpo mayor.

 

No vinimos a este mundo a sobrevivir o llevar una vida mediocre, sino para evolucionar y realizar juntos la tarea de elevar el nivel de vida de todos. Por lo tanto, a vivir la mejor versión de nosotros mismos.

 

Hay un párrafo de Marianne Williamson - muchas veces adjudicado a Nelson Mandela- que me encanta, y es totalmente aplicable a este razonamiento:


Miedo a la luz

 

Nuestro mayor miedo no es que somos inadecuados.
Nuestro mayor miedo es;
que somos poderosos más allá de cualquier medida.
Es nuestra Luz, no nuestra oscuridad la que nos asusta
Nos preguntamos, ¿quién soy yo para ser brillante, hermoso, con talento
y maravilloso?
En verdad, ¿quién soy yo para no serlo?
Tú eres un hijo de Dios.
Tu mostrarte pequeño no le sirve al mundo.
No hay nada luminoso sobre encogerte;
para que otras personas no se sientan inseguras frente a ti.
Hemos nacido para hacer manifiesta la Gloria de Dios dentro nuestro.
Ella no está en algunos de nosotros,
sino en todos.
Y a medida que permitamos que nuestra propia luz brille,
nosotros, inconscientemente les damos a los otros permiso
para hacer lo mismo.
Cuando nos liberamos de nuestros propios miedos,
nuestra presencia, espontáneamente,
Libera a los demás.

 

Este mensaje es muy poderoso. Si unos cuantos lo aceptáramos verdaderamente y nos pusiéramos a trabajar en sintonía, el mundo sería diferente. Pero no lo tomemos como una utopía, sintámoslo, y con perseverancia, tenacidad y voluntad manifestémoslo en hechos.

 

Yo me comprometo. Digámoslo todos!

 Lic. Ciro Gabriel Avruj